APRENDER MÚSICA
Están fuera de toda duda los
beneficios que produce la música en nosotros. Sin ella
nuestro recorrer por la vida sería demasiado aburrido.
Todos, en mayor o menor medida, nos sentimos atraídos por
el fenómeno musical. Vamos por cualquier calle donde esté
tocando algún músico callejero y solemos aminorar
el paso e incluso detenernos para escucharle. También nos
provoca cierta curiosidad tener cerca un instrumento musical.
¿Quién no ha estado en un gran almacén con exposición
de, por ejemplo, guitarras y no ha pulsado una cuerda con cierto
halo de clandestinidad?.
En otro orden de cosas, la música también tiene
mucho aire de desconocimiento. A todos nos resulta familiar pero
cuando pensamos en pentagramas, partituras, música clásica,
etc... todo se vuelve un poco más confuso y parece asustarnos.
No creo que haya alguna persona en el mundo a quien no le guste
la música pero hay muchísimas con cierta desconfianza
o miedo a lo que la rodea. Cuántas veces hemos escuchado:
-" Siempre me ha gustado la guitarra, me hubiera encantado
aprender a tocarla...". Si esa persona no lo hizo fue, en
gran parte, por miedo a factores que son propios de la música
pero que también son, hasta cierto punto, "extramusicales".
No es necesario saber lenguaje musical, armonía y contrapunto
para tocar la guitarra o el acordeón. Cierto es que si
queremos profundizar en el estudio del instrumento se hace imprescindible
el conocimiento y manejo de estas y otras materias.
Existe un error muy grave que suelen cometer los padres que descubren
cierto interés en uno de sus hijos por la música,
y es el hecho de llevarlos al Conservatorio. Como todas las opiniones
personales, la mía en este campo es tan subjetiva como
la que más y nunca trataré de desmerecer la gran
labor educativa que hacen, pero reconozcamos que hay muchas cosas
que merecen una reflexión. Para empezar, tomemos la más
liviana y ligera, su propio nombre.
El sustantivo "Conservatorio" suena a antiguo, a hermético,
a conserva..., en definitiva, a algo caduco. Podrían empezar
por cambiar el nombre.
Profundizando un poco más nos encontramos que los Conservatorios
son "profesionales" y practican una enseñanza para
futuros profesionales de la música. Salvo excepciones,
un niño de siete u ocho años es incapaz de saber
si quiere dedicarse de lleno a la práctica de un instrumento,
a hacer una carrera musical, a pelearse el resto de su vida con
trinos barrocos o contrapuntos floridos... Lo más probable
es que ese crío quiera acercarse a la música, quiera
divertirse tocando, quiera conocer un mundo nuevo... De ahí
que muchos alumnos abandonen en los primeros cursos, frustrados
por encontrarse con un lenguaje musical, unos dictados rítmico-melódicos....
La enseñanza de los Conservatorios es, como dije anteriormente,
para futuros profesionales. Afortunadamente, ya son muy comunes
en nuestro país las escuelas de música para niños
-y no tan niños- que los acercan a este fascinante mundo
de otra forma distinta. El siglo XX fue el del despegue de la
Educación Musical con el desarrollo de multitud de métodos
(Orff, Kodàly, Willems, Dalcroze, Suzuki, Aschero...) que han
permitido formar musicalmente a muchas generaciones sin necesidad
de implicar al individuo en un conocimiento profundo de la música.
El último fin de la Educación Musical puede que
sea el conocimiento de un instrumento, personalmente tengo muy
claro que el fin debe ser el de expresarnos y sentirnos a gusto.
Quiero dejar constancia de que no estoy en contra de los Conservatorios
sino de que estos se conviertan en el único referente musical
para los no iniciados. Podemos aprender música en muchísimos
sitios, desde la escuela a la calle pasando por la escucha de
un CD.
Contaré mi caso particular. Siempre me atrajo el hecho
de poder expresarme tocando un instrumento. Me acerqué
a una guitarra que había en mi casa (todavía la
conservo y toco) que pertenecía a mi hermano mayor. Al
principio, me dediqué a rasguear sus cuerdas de manera
aleatoria produciendo sonidos. Ya bastante mayor (con 15 años)
tuve un compañero en el Instituto que tocaba y le comenté
que estaba muy interesado en aprender algo. Compramos un juego
de cuerdas y me enseñó a afinar y dos acordes. Eso
fue lo que propagó la llama que se encendió en mí.
¡Aprendí y aprendo de tanta gente!. Estuve en un coro parroquial
y fui chupando rueda de los que sabían más que yo.
También me matriculé en el Conservatorio pero aquello
no me pareció demasiado interesante. Profundicé
más con algún profesor particular intercalándolo
con mi incursión en algún grupo musical de demasiada
poca monta. Me fui curtiendo como guitarrista (aunque me queda
un largo camino por recorrer) y terminé matriculándome
en Educación Musical. Con el tiempo he aprendido Lenguaje
Musical, Armonía y Composición y sigo ampliando
mis conocimientos. Empecé un camino que no tiene fin y
me siento orgulloso de ello. Cada día aprendo algo nuevo
y de cualquier persona distinta, incluso de mí mismo.
Con estas palabras deseo transmitir un mensaje: " la música
no es exclusividad de ningún ente y se puede aprender en
todos sitios y de todas maneras, solamente hay que encontrar el
camino adecuado ". Si es el Conservatorio, que lo sea. Si
se trata de la casa de un amigo que se brinde a enseñarme
un patrón armónico para trabajar con el teclado,
que lo sea. Si es un CD de música o un documental que me
ayude a saber más sobre la preciosa obertura del Tannhauser
de Wagner, que así sea.
Recordad una cosa, la música nos rodea y llena nuestras
vidas. Nunca le tengais miedo, acercaos a ella y abrazadla con
ganas. Ya el tiempo y nuestras inquietudes nos darán nuestro
lugar; para unos será la banda municipal de su localidad,
para otros la habitación de su casa y para unos cuantos
los grandes auditorios.
Paciencia y suerte.
Autor : Nacho
Grosso 
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