LA INEVITABLE CONVIVENCIA ENTRE LA
MUSICA Y NOSOTROS
Introducción
Vivimos rodeados de música,
de estímulos sonoros. Una nebulosa sonora nos envuelve
continuamente. Desde que despertamos, el sonido -más bien
ruido- producido por el maldito despertador nos martillea.
Hay quienes mientras se asean ponen la radio. Durante el desayuno
otros tenemos puesta la televisión, con todo lo que ello
lleva implícito (la melodía del anuncio de Cofidis,
el tono que produce el presentador...). Así, la lista de
estímulos se hace interminable a lo largo del día
(el timbre del odioso móvil, la voz del jefe, el claxon
del coche, la sintonía del Telediario...).
Una vez que nos metemos en la cama los estímulos pueden
continuar (algunos duermen con la radio) y cuando el sueño
nos vence desconectamos totalmente.
Podríamos decir que hay una
convivencia entre los siguientes elementos: música, sonido
y ruido.
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Sería posible calificar
el ruido como un elemento sonoro de carácter "desagradable",
término bastante ambiguo. El ruido de un helicóptero
puede resultar áspero al oído de la mayoría
de las personas pero quizás el músico alemán
Stockhausen no piense lo mismo y lo incluya en alguna obra.
Desde la primera mitad del siglo XX, con la aparición
del magnetófono, el sintetizador y, posteriormente,
el sampler, se introducen en las obras elementos sonoros que
no eran producidos por instrumentos musicales. Se abrió
de esta manera un nuevo plano músico-sonoro.
Tenemos ejemplos claro en las obras de Luis de Pablo y ya,
a nivel más "mundano", en las de los Beatles. Ringo
introdujo el sonido resultante de golpear una lata de Coca
Cola en alguna canción. Fue Paul Mc Cartney quien en
la canción "Blackbird" (White album, 1968) introduce
el canto de los pájaros (no hacen precisamente ruido)
y Olivier Messiaen quien compone obras orquestales dedicadas
a estos simpáticos animalitos.
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El segundo elemento sería
el sonido, al cual califico como "ladrillo" o unidad sonora.
Es el primer elemento que tenemos para componer, cantar...
la base para construir edificios sonoros o, lo que es lo mismo,
hacer música.
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Por último elemento
tenemos a la música en sí. Se han dado multitud
de definiciones y quizás la más famosa sea "arte
de combinar los sonidos y el ritmo".
Para quien esto escribe, la música es vida. Compañera
desde que nacemos y empezamos a balbucear. Nos acompañará
durante toda nuestra existencia. La música está
con nosotros desde que somos arrojados al mundo y por lo tanto
la educación musical puede comenzar desde edades muy
tempranas.
Muchos os preguntaréis cómo. Pues con lo más
sencillo y natural, el canto. Podéis fijaros en la
multitud de nanas y melodías que se nos pueden ocurrir
para cantar a los pequeños. Muchísimas madres
del mundo improvisan musicalmente (componen y ejecutan a la
vez) melodías y canciones para arrullar a sus hijos.
Está demostrado que el feto desde las 27 semanas puede
presentar cambios de comportamiento según los estímulos
sonoros que se le presenten.
La música ha sido compañera
de la humanidad desde que, hace ya bastantes miles de años,
empezamos nuestra andadura por el planeta. Podemos hacer una analogía
de esta afirmación con la pregunta que respondió
el músico húngaro Zoltan Kodàly en una conferencia
de la UNESCO en 1950 sobre Educación Musical. El tema a
disertar era "¿Qué edad es buena para comenzar la Educación
Musical en los niños?". Respondió de la siguiente
forma: - "Nueve meses antes del nacimiento".
No podemos entender por tanto una vida sin música. Ya sea
en el supermercado mientras compramos, cuando suena nuestro móvil,
cuando vamos al teatro o cuando cantamos en la ducha, hacemos
continua pareja con ella. Mucho se ha hablado de la música
como lenguaje, es más, hay sistematizado todo un lenguaje
musical desde el siglo XI.
La música se escribe, ¿no?, pues quizás me atreva
a decir que la música sea nuestro lenguaje más arcaico,
nuestra lengua innata.
El hombre canta en todas situaciones, hace canciones para toda
ocasión. Si se encuentra mal canta para acallar su dolor
o lo hace de manera triste y cansina para maldecir su infortunio.
Los blues surgieron así, eran los lamentos de los esclavos
negros en las plantaciones de algodón, cantaban para mitigar
su pena y acompañarse en la dura faena. Si estamos pletóricos
lo manifestamos cantando, moviéndonos y gesticulando. Cuando
entramos en un ascensor con desconocidos siempre hay alguien que
silba para "romper el hielo" o para distraerse. En fin, las situaciones
serían innumerables...
Cierro éste, mi primer artículo con la certeza plena
y sincera de que la música es vida. ¿Por qué no
hay vida en otros planetas?. Puede que uno de los motivos sea
que allí no han escuchado por ejemplo a Debussy.
Hasta pronto
Autor : Nacho
Grosso 
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